Terminé mi primer Ironman 70.3 con el miedo al mar todavía metido en el cuerpo. Y no lo hice por motivación. La motivación, ese día, hacía rato que se había ido.
Marzo de 2020. Se decreta el estado de alarma y la vida entra en un ralentí raro. Yo llevaba más de quince años jugando al tenis. Me encantaba. Y cuando por fin pude volver a jugar… la motivación se había esfumado. Algo cambió durante el confinamiento.
Ese verano me hablaron del triatlón. No tenía casi ni idea de lo que era, pero me atrajo. Y ojo: no soy nadador (me da pánico el mar), no soy ciclista y nunca había corrido —mis rodillas me lo recordaron pronto—. Aun así, probé. Y me enganchó.
La motivación es la chispa. No el motor.
Durante un tiempo pensé que lo que me movía era la motivación. Me equivocaba. La motivación es la chispa que enciende: aparece, ilumina y —esto es lo importante— se apaga. Va y viene. Si dependes de ella, el día que no llega, no entrenas.
Lo que me llevó desde "no sé nadar" hasta cruzar la meta del medio Ironman de Calella, en 2023 —1,9 km a nado, 90 en bici y 21,1 corriendo— no fue estar motivado. Fue algo mucho menos épico: estructura.
La motivación es la chispa. La disciplina es el motor.
Sin atajos y con cabeza
Si lo miro con distancia, funcionó por cuatro cosas. Y ninguna dependía de las ganas:
- Un objetivo a medio-largo plazo. Algo lo bastante grande como para ordenar el resto.
- Organización. Entrenar sin desatender lo personal ni lo profesional. El sistema por delante del humor del día.
- Sufrir con criterio. No para superar los miedos de golpe, sino para minimizarlos y preparar el cuerpo.
- Confianza. Creer que era posible, incluso los días en que no lo parecía.
Si hubiera fallado cualquiera de esos ingredientes, la motivación no habría bastado. Y quién sabe si habría llegado.
No esperes a tener ganas
La trampa es esperar a estar motivado para empezar. Pero la motivación no se convoca; se provoca. Y se provoca haciendo: cuando ves progreso, aparece; cuando aparece, empujas; y así se mantiene. Al revés casi nunca funciona.
Así que si hay algo que llevas tiempo posponiendo "para cuando tengas ganas", deja de esperarlas. Ponte una estructura mínima y da el primer paso pequeño. El motor arranca con la disciplina; la chispa ya vendrá.
Mi referente en esto siempre ha sido mi padre. Nunca me habló de motivación. Me enseñó a hacer lo que tocaba, tocara o no.
Reflexiona. Actúa. Crece.
Marc